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Cerro Azul Peru….Two hours by road and south of the city of Lima is Cerro Azul (Blue Hill), a picturesque watering place in the Cañete Valley, dating from the early twentieth century and which is so named because the hills that shelter it, seen from the sea, have a bluish color at certain times of the year. 

In Cerro Azul, the pre-Inca culture of Los Huarco was developed, whose inhabitants were dedicated to fishing and agriculture.  The remains of this culture are part of the El Huarco Archaeological Complex.  At the time of the Inca expansion (second half of the XV century), it was Cacique Chuquimanco who led the Huarco and knew how to oppose the advance of the Inca Pachacútec army. 

The confrontation lasted four years and it was the coastal summer that marked the suspension of hostilities, the Inca army, unaccustomed to the suffocating heat of this time, returned to Cusco and the Huarco returned to their daily activities. 

As this campaign lasted longer than expected, Pachacútec ordered the construction of a fortress in Lunahuanay called Incawasi, where the Inca army would be stationed there to avoid the long journey from the capital of the empire to Cerro Azul.  To complete the siege, the Incas blocked the irrigation canals of the entire Cañete Valley, leaving the Huarco people without water, and this was the only way the Inca army could defeat them. 

According to the Spanish chronicler Pedro Cieza de León, to celebrate his victory and as a symbol of his power, Pachacútec ordered the construction of a stone fortress (Fortress of Cerro Azul) with steps to the sea, being as grandiose and magnificent as that of Sacsayhuamán; unfortunately this fortress was destroyed by the Spaniards to build the pier, however, some remains can still be seen in El Fraile Hill. 

In 1870 a small wooden pier and a railroad were built to move sugar to the port, and then the cotton produced in the valley.  In 1921 the district of Cerro Azul was created and in 1925 the current concrete pier was built, with a length of 400 meters and between 6 and 9 meters wide. 

Its beach is not only a point of attraction for vacationers but also for surfers, fishing lovers and, of course, gastronomy lovers.  Also, if your stay extends until the evening hours, you may be lucky enough to see the dolphins appear.  They are the most beloved visitors to this watering place, I could not see them because I had limited time, but I promised myself to return. 

Among the highlights of Cerro Azul is the port where the first Japanese immigrants arrived in Peru in 1899, building a monument in 2002 in commemoration.  Since 1974 it has the first lighthouse moved with solar energy of all America; they have a very well-kept municipal museum, where they show the history and development of the area. 

One can not miss the myths and legends that give the note of mystery to these villages, such as the Cerro El Fraile, named because of the descent and drowning of a friar who was the watchman of the Franciscan missionaries in the area, he was the one who had to warn if the pirates arrived at the port; and the procession of the souls, souls in pain that go out in procession carrying a coffin on the day of the dead. 

As a curious note I must add that I “met” a bird quite anxious to be photographed, she followed me with her food in the beak while I took pictures on the pier, she even put in front me to her crab that was still moving its legs.  Before such a clear invitation I began to make several shots until about 10 minutes later before the bird could open the crab, I had to leave, because the tour bus was about to leave …. Even now I can not avoid to laugh at this occurrence. 

This is Cerro Azul, a town that overcomes its bad times like the floods during El Niño in 2017, a place where its inhabitants, visitors and local fauna coexist in a natural way almost innocent, where the breeze is pure and not smog and where happily peace is breathed. 

 

 

CERRO AZUL:  Olas, leyendas y delfines 

A dos horas por carretera y hacia el sur de la ciudad de Lima se encuentra Cerro Azul, un pintoresco balneario en el valle de Cañete que data de los inicios del siglo XX y que recibe este nombre porque los cerros que lo cobijan, vistos desde el mar, tienen un color azulino en determinadas épocas del año. 

En Cerro Azul se desarrolló la cultura pre-inca de Los Huarco, cuyos pobladores se dedicaban a la pesca y a la agricultura; los restos de esta cultura forman parte del Complejo Arqueológico El Huarco.  En la época de la expansión Inca (segunda mitad del siglo XV), era el cacique Chuquimanco quien lideraba a los Huarco y supieron oponerse al avance del ejército del Inca Pachacútec. 

El enfrentamiento duró cuatro años y era el verano costeño el que marcaba la suspensión de las hostilidades, el ejército inca, poco acostumbrado al sofocante calor de esta época, se regresaba al Cusco y los Huarco regresaban a sus actividades cotidianas. 

Al prolongarse esta campaña más de lo esperado, Pachacútec ordenó la construcción de una fortaleza en Lunahuanay denominada Incawasi, donde se estacionaría el ejército inca y evitar así el largo recorrido desde la capital del imperio hasta Cerro Azul.  Para completar el asedio, los incas bloquearon los canales de regadío de todo el valle de Cañete, dejando sin agua al pueblo Huarco, siendo ésta la única manera como pudieron vencerlos. 

Según el cronista español Pedro Cieza de León, para celebrar su victoria y como símbolo de su poder, Pachacútec mandó construir una fortaleza de piedra (Fortaleza de Cerro Azul) con escalinatas hacia el mar, siendo tan grandiosa y magnífica como la de Sacsayhuamán;  lamentablemente esta fortaleza fue destruida por los españoles para construir el muelle, aún pueden apreciarse algunos restos en el Cerro El Fraile. 

En 1870 se construye un pequeño muelle de madera y un ferrocarril para trasladar el azúcar al puerto, y luego el algodón producido en el valle.  En 1921 se crea el distrito de Cerro Azul y en 1925 se construye el actual muelle de concreto, con una longitud de 400 metros y entre 6 a 9 metros de ancho. 

Su playa no es sólo punto de atracción de veraneantes sino también de los surfistas, de los amantes de la pesca y como no, de los amantes de la gastronomía.  También, si su permanencia se extiende hasta horas de la tarde, puede tener la suerte de ver aparecer a los delfines que son los más queridos visitantes del balneario, yo no pude verlos porque tenía el tiempo limitado, pero prometo regresar. 

Entre lo destacable de Cerro Azul se puede nombrar que fue el puerto donde en 1899 desembarcaron los primeros inmigrantes japoneses que llegaron al Perú, construyéndose un monumento en el 2002 en conmemoración; desde 1974 cuenta con el primer faro movido con energía solar de toda América; tienen un museo municipal muy bien cuidado, donde muestran la historia y desarrollo de la zona. 

Tampoco pueden faltar los mitos y leyendas que le dan la nota de misterio a estos poblados, como por ejemplo el del Cerro El Fraile, nombrado así a causa del despeñamiento y ahogamiento de un fraile que era el vigía de los misioneros franciscanos de la zona, era quien debía avisar si llegaban los piratas al puerto; y la procesión de las ánimas, almas en pena que salen en procesión cargando un ataúd en el día de los muertos. 

Como nota curiosa debo agregar que “conocí“ a un ave bastante ansiosa de ser fotografiada, me seguía con su comida en el pico mientras yo tomaba fotos en el muelle, incluso se me puso delante dejando caer al cangrejo que todavía movía sus patas, y bueno, ante tan clara invitación empecé a hacerle varias tomas hasta que unos 10 minutos después sin que el ave pudiera abrir al cangrejo, me tuve que despedir porque el bus del tour ya estaba por partir …. Aún ahora no puedo evitar reir de esta ocurrencia. 

Así es Cerro Azul, un pueblo que supera sus malos momentos como las inundaciones durante El Niño del 2017, un lugar donde sus habitantes, los visitantes y la fauna local conviven de una manera natural casi inocente, donde la brisa es pura y no smog y donde felizmente se respira paz.