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La Punta Callao Peru…..Leaving the Fortress of Real Felipe and walking along Jorge Chávez Ave., my feet went towards La Punta.  On the way and a few meters from the Fortress is the Submarine Museum Abtao, the submarine of the Peruvian Navy that was saved from the junkyard after being discharged with 48 years of service and 5003 dives. 

The ship became a Museum in January 2004, and it can be visited from Tuesday to Sunday, from 9 am to 5 pm.  Before boarding the submarine, a film is projected for the visitors in the entrance hall, one that had already begun when we got there.  As the next projection start for one half an hour more, I decided to take some pictures of the place and come back another time, continuing with my walk. 

Jorge Chávez Ave, crosses the district of Chucuito of just 3 streets wide and beaches full of pebbles on both sides; Chucuito was a primitive village of indigenous fishermen whose population perished under the waters of the tsunami of 1746.  At the end of the 19th century and the beginning of the 20th it was the main destination of the Italian migration to Peru, so its wooden houses resembled a Sicilian village or Neapolitan 

At the moment that Italian influence is only in the surnames, the mestization and the transfer outside the Callao of the descendants took to the decay of this district.  However, a regional project has allowed the remodeling of 150 houses in the area and the renovation of the main square and the streets of the district. Although the works have not yet been completed, the changes become evident giving a greater sense of security, in addition to that you can appreciate very beautiful houses of gothic and neo-renaissance style. 

The José Gálvez Square tells us that we are already in La Punta and we left the avenue, which now receives the name of Bolognesi, and we went to the Figueredo Boardwalk where the replica of the De La Merced Turret is located. This is the historic place where José Gálvez perished, commanding the defense of Callao during the combat of May 2, 1866 against the Spaniards.  The sculpture represents the defenders maneuvering the cannons. 

La Punta is the smallest district of Callao and at the beginning of the 20th century it was inhabited by the Lima bourgeoisie who came to spend the summer.  The mansions that can still be seen along the boardwalk give us an idea of that past splendor. 

The boardwalk not only houses the most representative social institutions of La Punta such as Circolo Sportivo, Regatas Club and the Yacht Club, but also restaurants specializing in fresh seafood.  The beaches are also composed of pebbles, which does not prevent many bather families enjoying the lingering sunny days that defy the cold autumn.  It is advisable to note that there are always promoters of boating or yachting to nearby islands, the prices vary according to the type of route being the most expensive which includes swimming with the sea lions in Palomino Island. 

At the end of the boardwalk is placed the Naval School of Peru, which we rounded to continue towards the Park of La Punta and the Pardo Boardwalk, the final end of the district, from where you can see the silhouette of San Lorenzo Island.  A wide wall, which is used both as a seat and fishing point, “divides” the land of the sea.  As it was a sunny Sunday, the park was full of people and children playing. 

The La Punta Cross has its own history, placed shortly after the tsunami, in memory of the drowned, who  suffered several times the onslaught of the sea, and whose waves ripped it from its place.  Annually, during the month of April, it is removed from its location and it  “perambulates” the churches of the zone, the tributes finish with a procession with ringing of bells, band of music and fireworks, to place it again in its pedestal of La Punta until the next year. 

The long walk had come to an end, later we would go back home but now it was time to take a break, to eat something and enjoy the environment, the breeze, the laughter of the children, the coming and going of the waves, to appreciate the history and a good conversation enlivened with the singing of the sea 

 

Callao -Perú:  LA PUNTA, balneario con mucho de nostalgia. 

Saliendo de la Fortaleza del Real Felipe y caminando por la Av. Jorge Chávez, mis pies se dirigieron hacia La Punta.  En el camino y a pocos metros de la Fortaleza se encuentra el Museo Submarino Abtao, nave de la marina peruana que se salvó del deshuesadero después de dársele de baja con 48 años de servicio y 5003 inmersiones. 

Convertido en Museo desde enero del 2004, puede ser visitado de martes a domingo de 9 am a 5 pm.  Antes de subir al submarino se proyecta una película para los visitantes en el salón de ingreso, la misma que ya había empezado cuando llegamos allí.  Como la siguiente proyección iniciaba en media hora más, decidí tomar unas fotos del lugar y regresar en otra oportunidad, continuando con mi caminata. 

La Av. Jorge Chávez atraviesa el distrito de Chucuito de apenas 3 calles de ancho y playas llenas de guijarros a ambos lados; Chucuito fue una primitiva aldea de pescadores indígenas cuya población pereció bajo las aguas del maremoto de 1746.  A finales del siglo XIX y principios del XX fue destino principal de la migración italiana hacia Perú, por lo que sus casas de madera recordaban una aldea siciliana o napolitana. 

Actualmente de esa influencia italiana sólo quedan los apellidos, el mestizaje y el traslado fuera del Callao de los descendientes llevaron a la decadencia de este barrio.  Sin embargo, un proyecto regional ha permitido remodelar 150 casas de la zona y remozar la plaza principal y las calles del distrito.  Aunque los trabajos todavía no han concluido, los cambios se hacen evidentes dando una mayor sensación de seguridad, además que pueden apreciarse muy bellas casas de estilo gótico y neo-renacentista. 

La Plaza José Gálvez nos indica que ya estamos en La Punta y dejamos la avenida, que ahora recibe el nombre de Bolognesi, y vamos hacia el Malecón Figueredo donde se encuentra la réplica del Torreón de La Merced, lugar histórico por ser donde falleció José Gálvez, uno de los defensores del Callao durante el combate del 2 de Mayo de 1866 contra los españoles.  La escultura representa a los defensores maniobrando los cañones. 

La Punta es el distrito más pequeño del Callao y a inicios del siglo XX fue habitada por la burguesía limeña que venía a veranear.  Las casonas que aún pueden verse a lo largo del Malecón dan una idea de ese pasado esplendor. 

El Malecón no sólo alberga las instituciones sociales más representativas de La Punta como el Circolo Sportivo, el Club Regatas y el Yacht Club, sino también restaurantes especializados en pescados y mariscos frescos.   Las playas también son de guijarros, lo que no impide a numerosas familias de bañistas disfrutar de los persistentes días soleados que desafían al frío otoño.  Es conveniente anotar que hay siempre promotores de los paseos en bote o yate hacia las islas cercanas, los precios varían según el tipo de paseo siendo el más caro el que incluye el nadar con los lobos marinos en la Isla Palomino. 

Al final del Malecón se encuentra la Escuela Naval del Perú, la que bordeamos para continuar hacia el Parque de La Punta y el Malecón Pardo, el extremo final del distrito, desde donde se puede contemplar la silueta de la Isla San Lorenzo.  Un ancho muro, que es usado tanto de asiento como punto de pesca, “divide” la tierra del mar.  Como era un soleado día domingo, el parque estaba lleno de gente y niños jugando. 

La Cruz de la Punta tiene su propia historia, colocada poco después del maremoto, en memoria de los ahogados, sufrió varias veces el embate del mar cuyas olas la arrancaron de su lugar.  Anualmente, durante el mes de abril, es retirada de su ubicación y recorre las iglesias de la zona, los homenajes terminan con una procesión con repique de campanas, banda de música y fuegos artificiales, para colocarla nuevamente en la peana de La Punta hasta el siguiente año. 

La larga caminata había llegado a su fin, más tarde emprenderíamos el regreso a casa pero ahora era momento de tomar un respiro, de comer algo y disfrutar del entorno, de la brisa, de la risa de los niños, del ir y venir de las olas, de aquilatar la historia y de una buena charla amenizada con el canto del mar.